Las joyas escondidas de la ciudad

Por: Ruth Gómez
Portada por: Javier Arvide

 

“El cotidiano del andar citadino se podría resumir en salir de casa con prisa para llegar a nuestros trabajos, escuelas o cualquier tarea que nos ocupe. Son pocos los momentos en donde nos permitimos disfrutar lo que nos rodea, acompaña y cientos de detalles que hacen de la cuidad ser ella misma.”

 

Un personaje que está en el olvido -producto del tiempo- es Ernesto Paulsen Camba, un extraordinario joyero que alguna vez tuvo su local en la desaparecida Plaza Paseo Jacaranda, en la Zona Rosa y que nosotros pudimos conocer gracias a la voz de la investigadora Eloisa Mora.

Paulsen nació en 1935 en Guadalajara, Jalisco. Su familia tenía origen alemán y su calidad de “migrantes” los hizo trabajar arduamente para poder generar un sustento. Así, los Paulsen llegaron a ser dueños de la ferretería “La Palma” y el pequeño Ernesto creció rodeado de todos los materiales que, sin saberlo, pasarían a ser parte de su producción para el diseño de joyas y de esculturas monumentales en su adultez.

Después de dedicarse por un tiempo a la venta de seguros, Paulsen decidió que quería hacer “algo propio”; y, con todo el bagaje que había adquirido de la filosofía familiar -gozar la vida- y su negocio, se adentró en el diseño de joyas. A pesar de que nunca cursó una carrera universitaria, Ernesto siempre estuvo rodeado de arquitectos ya que sus amigos egresaron de la recién inaugurada Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara -en la que impartió clases Mathias Goeritz- y esta cercanía benefició tanto su comprensión como su producción artística a lo largo del tiempo.

Con la inquietud de crear, partió de Guadalajara hacia Morelos, al monasterio benedictino en el que se encontraba su amigo Gabriel Chávez de la Mora, quién hizo votos en 1956. Pasó ahí nueve meses y de acuerdo con Eloisa Mora, historiadora y curadora experta en su obra, su estancia fue clave para el desarrollo de su estilo artístico: “El ambiente del convento era de una total libertad creativa y eso lo ayudó a definirse. Él y su amigo Fray Gabriel, participaron en el Taller Emaús, donde se empezó a trabajar el arte sacro (religioso) con un lenguaje moderno, volviéndolo “tendencia”.

El Taller Emaús fue parte de la iniciativa que Gregorio Lemercier implementó para que su monasterio contara con una entrada recurrente de capital; entre las actividades que se podían realizar era la platería, serigrafía, carpintería, marquetería o herrería.

Sin embargo, el taller no sació el apetito creador de Ernesto y a inicios de los sesenta llegó a la Ciudad de México. Al principio producía desde casa y seguía colaborando con Emaús, pero Paulsen no tardó en identificar las zonas de movimiento cultural o de “moda” de la urbe, por lo que tomó la la decisión de rentar un local en el Pasaje Jacaranda, entre las calles de Génova y Londres en la Zona Rosa.

La Zona Rosa era tanto la zona “chic” como el “hervidero cultural” capitalino y, aunque no está reconocido oficialmente como tal, Eloisa nos comenta que estudiando al Pasaje Jacaranda en su estructura y funcionamiento, podría ser considerado como el primer centro comercial de la ciudad: en su interior tenía tiendas, restaurantes, galerías y, por supuesto, joyerías.

Ernesto implementó un nuevo modelo de joyería quitándole la frialdad comercial de sólo exhibir las joyas y procuró generar una cercanía con su consumidor: puso al frente parte de su taller para que todos sus clientes pudieran verlo trabajar y convivir con ellos. Quienes lo conocieron lo describen como simpático, con el don “de gente” que lo llevó a hacerse amigo de arquitectos, escritores, artistas, estrellas de cine o demás locatarios que estaban en el Pasaje o la Zona Rosa.

Gracias a este taller la gente podía ver el empeño y la pasión que Paulsen impregnaba sobre su trabajo, para él la joyería no sólo era ornamentación sino una segunda piel y como tal tenía que proyectar parte de la personalidad de su portador. Eloisa narra que gracias a que era sumamente meticuloso en sus bocetos, se puede comprender la complejidad y el estudio que el artista/diseñador solía desarrollar para cada uno de sus proyectos.

La calidad de su trabajo le trajo, literalmente, oportunidades monumentales. La rigurosidad de su proceso creativo le facilitó poder jugar con las escalas de sus diseños, poco a poco ciertos detalles de sus joyas pasaron de ser de apenas un par de centímetros a ser colosales. Los materiales que ocupó eran diversos, desde el ónix hasta el acero inoxidable.

Una de sus primeras piezas a gran escala fue el “Torbellino”, pieza de acero que contaba con una altura de 18 metros creada en 1972 y colocada en el corazón del Jardín del Arte, frente al Museo Experimental El Eco. Para su construcción, Ernesto trabajó directamente con ingenieros que lo auxiliaron con los cálculos estructurales ya que el diseño de la escultura desafiaba no sólo la resistencia de los materiales con las que estaba hecha, sino también con la gravedad.

Pie de foto: Local de Ernesto Paulsen en el cortometraje “Las dos Elenas” del director José Luis Ibáñez en 1965, el guión de dicho corto fue adaptado por el escritor Carlos Fuentes. Imagen tomada de Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=L5h0lt2FcP4).

Con el paso del tiempo el joyero se fue involucrando en proyectos de diseño de interiores y de obras para espacios públicos, ya fueran individuales o colaborativas. Entre algunas de sus piezas se encuentran las esculturas al frente del Hotel Presidente, otra ubicada sobre la calle de Durango, una al interior del Deportivo Guelatao en Tepito y otro par en algunas dependencias gubernamentales.

Un par más fueron reportadas por el periódico EL UNIVERSAL en ocasiones distintas, la primera en 2011 cuando hablaron de una obra de 18 metros de altura y 20 metros de ancho, de color amarillo conocida popularmente como “El Gigante de Insurgentes” o “Las Palomas”, a las afueras del Metro 18 de Marzo. Creada en 1982 por el joyero, la pieza luce grafiteada, oxidada y dejada en el olvido ya que no tiene placa de identificación y por ende, el camellón donde se encuentra es ocupado como basurero.

La segunda ocasión fue la reportera Abida Ventura, quien mencionó en su artículo “El Metro: el gran museo underground del DF” que los barriles de la estación Instituto del Petróleo también eran de la autoría de Paulsen: “no están allí para que el usuario los use como asiento mientras espera el tren”. Sino que son un conjunto de siete piezas que el escultor mexicano Ernesto Paulsen realizó especialmente para exhibir en esa estación donde se ubica la Torre de Pemex”.

A su vez, el joyero participó en el diseño de la Nueva Basílica de Guadalupe, siendo de su autoría el sagrario y la llave de la Basílica, que sólo hay dos piezas, la original y una réplica que se le regaló al papa Juan Pablo II en una de sus visitas a México y que ahora se encuentra en el Vaticano.

Eloisa opina que la transición de Paulsen de la joyería a la escultura monumental y nos compartió que tiene “una hipótesis que podría afirmar con una entrevista que él dio. Ernesto tenía un ojo muy bien entrenado, lo trabajaba diario preguntándose qué podría acompañar a una persona si hablamos de la joyería. Teniendo eso en cuenta, la arquitectura de la ciudad se convertía en una especie de “tercera piel” que requería de ornamentación, personalidad”, empezó.

Ella lo imagina perfectamente observando las calles por las que caminaba o los sitios donde descansaba y preguntarse “¿qué hace falta aquí, qué le quedaría bien, cómo podría “enjoyarlo”?” y que su mente se pusiera a crear. Nos dice que en los nueve años de investigación que lleva sobre el diseño y éste personaje ha sobresalido la intención de Ernesto por querer acercar el brillo de sus piezas a la mayor cantidad de gente, quizás ese fue el motivo por el cual se atrevió a escalar su trabajo, para compartirlo con los habitantes de la ciudad en espacios públicos.

Pie de foto: Detalles de los diseños de Ernesto Paulsen. Ambas fotografías son parte del registro que elaboró el Museo Franz Mayer para la exposición que tendrá el trabajo del joyero el próximo 07 de septiembre. Cortesía: Museo Franz Mayer.

Fuentes: Eloisa Mora Ojeda, historiadora y curadora de la exposición “Ernesto Paulsen”, próxima a inaugurarse en el Museo Franz Mayer.

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